La Iglesia de Santa María de Bielva es
un edificio de origen gótico, que sufrió importantes reformas en
época barroca. En su interior se encontraba una magnífica custodia
que, actualmente, se halla en el Museo Diocesano Regina Coeli de
Santillana del Mar.
Hay estudios de algunos historiadores
que aseguran que esta pieza fue traída por Domingo Pérez Inclán,
caballero de Calatrava.
Domingo Pérez Inclán nació en Bielva
en 1671, y de allí partió para Indias. Fue nombrado comisionado en
1719 para acompañar al Virrey y Arzobispo Diego Morcillo en su
entrada en la ciudad de Cuzco. Dos años más tarde fue nombrado
alcalde de este lugar, teniente de capitán general de la Provincia
de Chumbivilcas y Corregidor de Carabayas en Perú.
En 1730 regresó a España, ingresando
en el Consulado de Cádiz. Debió ser entonces cuando trajo consigo
la custodia que terminaría remitiéndola a su tierra natal.
La Custodia está realizada en plata
sobredorada con incrustaciones de esmaltes coloreados de azules,
verdes y beiges, todos ellos en forma geométrica. Posee una grandes
molduras salientes y sobrepuestos de cabezas de ángeles esmaltados.
El elemento más sobresaliente es su magnífico sol.
Las características formales de la
custodia de Bielva la aproxima a otra importante obra de la platería
cántabra: la custodia de la Catedral de Santander, obra de finales
del siglo XVII atribuida al platero de Cuzco Luis de Lezana”el
menor”, activo hasta 1690. Eso ha supuesto que se considera la
posibilidad de que este mismo artista fuera el responsable de ambas
custodias.
El paradero de la pieza ha sido un ir y
venir de una a otra casa de algunos vecinos y muchos han sido los
encargados de guardarla. Mi madre comentaba que ella sabía que la
custodia ya estuvo metida en una cesta de casa de una vecina llamada
Mari Luz hace más de 100 años, hasta que un párroco, don Lino, se
la llevó a la Iglesia. Pero a este hombre y a su sobrino les mataron
los rojos en la Guerra Civil, aunque un poco antes para protegerlo,
se la entregó a su primo Paulino. Paulino la enterró cerca del
invernal del Sedo y se lo contó a algún vecino por si le pasaba
algo que supiera que estaba allí.
Pero Paulino no se fiaba de tener
aquello tan a desmano y al final se la llevó a casa y la guardó en
la cocina, metida en un fogón hasta que terminó la guerra.
Como Bielva, hasta 1956, pertenecía a
la diocesis de Oviedo tuvimos un cura que vino de allí, don Manuel,
y se hizo cargo de la custodia. Tanto cuando Bielva fue diócesis de
Oviedo como cuando pasó a ser de Santander, la pieza ha sido
requerida por ambas, pero lo hemos evitado los de Bielva. Don Manuel
no la prestó demasiada atención, y la tenía encima de un mueble en
la sacristía. Pero el siguiente párroco, que vino de más cerca, de
Labarces, sí que la valoraba y lo veía tan valioso que se planteaba
qué hacer con esa joya. Alguna vez declaró que él era de la
opinión que lo mejor sería venderla para dar de comer a los pobres,
pero el pueblo de Bielva se negó a hacerlo. Un maestro de entonces,
Javier, que se quedaba en casa de mi hermana, la recogió y la guardó
un tiempo, hasta que mi hermana decidió llevarla a casa de mi madre
para quitarla de en medio. Y allí estuvo hasta que Enrique Campuzano
intentó llevar la custodia a Sevilla en el año 1992, pero ante tal
hecho, los vecinos volvieron a decir que no, porque sabían que si
salía de Bielva no volvería. Era tal el interés por la custodia
que se hizo un reportaje fotográfico con todas sus características
para evitar que se perdiera.
Al final, para su mejor conservación,
se llegó a un acuerdo para llevarla a Santillana, con la obligación
de traerla a Bielva en las dos fechas más señaladas del año: la
celebración del Corazón de Jesús y la Misa del Cristo Chico.